Cuba y el arte europeo se hermanan en la obra de Diango Hernández, uno de los artistas latinoamericanos más apreciados de la escena internacional. La galería Marlborough Contemporary de Londres acaba de presentar la primera exposición en Reino Unido de Diango Hernández (Sancti Spiritus, Cuba, 1970), artista formado en su Cuba natal, que dejó la isla a los 33 años y recaló en Alemania, en Düsseldorf, donde tiene su taller y su segundo hogar, donde trabaja rodeado de objetos, cargados de memoria y de recuerdos. Hernández ha sido incluido en exposiciones colectivas de instituciones como el MoMA y la Hayward Gallery de Londres, y ha sido presentado en la Bienal de Venecia de 2005, las Bienales de São Paulo y Sydney de 2006 y en la Bienal de Liverpool de 2010.

Usted nació en Cuba, ¿cuántos años vivió en su país?, ¿cuáles son los recuerdos y vivencias de sus años en Cuba que más han condicionado su obra?

Viví en Cuba hasta los 33 años. Conservo muchos recuerdos y todos se apilan de una manera muy caprichosa, a veces sin un orden lógico. La vivencia que ha definido mi manera de hacer fue la crisis de finales de los años ochenta y principios de los noventa. En aquel momento terminaba mis estudios en la universidad y la realidad me trajo momentos inesperados, me enfrentó a nuevas formas de supervivencia. Como para todos los cubanos, ése fue un periodo duro donde tuvimos que replantearnos muchas cosas, desde qué comer hasta cómo pensar. Paradójicamente para mí, también fue un momento muy creativo. En esos años comprendí que toda crisis o situación de emergencia social o política es por naturaleza provisional. Desde aquel momento de emergencia consideré que la mejor manera de resistir era crear.

Estudió diseño industrial, ¿cuándo empezó a sentirse artista plástico?

Es difícil saber cuándo estamos listos para ser algo. Desde pequeño tuve muchas inquietudes, escribí, practiqué deportes, estudié un poco de música y me encantaba el cine. ¡Pero nunca pensé que estudiaría arte y mucho menos que sería artista!. No fue hasta que me mudé a La Habana y comencé mis estudios que comprendí la fuerza y la belleza del arte. En una de esas noches habaneras, un amigo me invitó a visitar a monseñor Carlos Manuel de Céspedes García – Menocal, esa noche a través de una amena charla, rodeado de libros maravillosos, me sentí estimulado y cuando salimos a la calle, le dije a mi amigo: “yo sólo quiero estar junto a personas que hablan de estas cosas”. Al principio el arte fue una forma de alejarme de lo ordinario y quizá la mejor manera para comenzar a ver todo con más claridad.

¿Qué relación existe entre los cuentos cortos que escribe y su obra?

Los cuentos son una especie de antesala, el anuncio de lo material, de lo que será más tarde una escultura o simplemente un dibujo. Estos cuentos me permiten articular ideas y memoria. Normalmente antes de ir al estudio y comenzar a trabajar en un cuerpo nuevo de obras, me dedico a compilar documentos y distintos objetos que eventualmente me ayudarán a recordar y me guiarán durante la escritura. Ya no puedo crear en ese vacío que toda idea artística presupone al inicio, en ese inicio sin nada, en ese papel vacío y blanco. Cuando comienzo a dibujar, por ejemplo, ese pequeño cuento que he escrito me acompaña y guía, asegurándome que no tengo que hacer nada más que creer en lo que ya he escrito.

¿Qué presencia tiene lo autobiográfico en su trabajo?

Los elementos autobiográficos tienen para mí una gran relevancia, quizá más ética que estética. Amplificar desde la individualidad lo que hemos visto es una responsabilidad que he asumido con mucho rigor. Me alegra pensar que la voz individual algún día será más relevante que la voz pública y su consenso. La mayor parte de las utopías del siglo XX se orientaron hacia sociedades de masas, donde el individuo desaparecía diluido en la voz colectiva. Quizá debido a mi formación en Cuba tengo pánico a los grandes grupos de personas, no suelo ir ni a estadios deportivos ni de ningún otro tipo… mucho menos a manifestaciones masivas.

¿Cómo presenta en su obra el principio comunista del “hombre nuevo” creado por Che Guevara?

En realidad este principio no está representado en la exposición; la idea del “hombre nuevo”, como muchas otras ideas que investigué, sólo yace en una de las tantas capas que sobrepuse. La teoría del hombre nuevo es una barbaridad, un insulto a la inteligencia humana. ¿Quién puede definirnos como hombres viejos? Sólo ese hombre arrogante del siglo XX, el mismo que más tarde se convertiría en dictador.

¿En qué piensa que ha quedado la “cuota de sacrificio” que reclamaba Che Guevara para avanzar hacia el “hombre nuevo” del siglo XXI?

Este tema sería digno de una investigación sociológica. El impacto de semejantes “planes” está por ver; yo creo que esta “cuota de sacrificio” produjo diferentes resultados. La generación de mis padres quizá fue la más afectada; si tomo como ejemplo a mi madre, puedo ver aún en ella un ciego y honesto compromiso; ella, como tantos otros, lo entregó todo, creyendo que su contribución sería suficiente para la construcción de una sociedad diferente. Para ellos, el sacrificio aún es lo que define a un revolucionario, ese sacrificio que siempre da sin pedir nada a cambio porque confía que alguien “muy bueno” distribuirá todo ese bien de manera equitativa y justa. Lo que nunca pensó esta generación es que esos que nos representan, deciden y distribuyen son también hombres y mujeres que deben ser juzgados por sus errores; sobre todo, sus errores políticos.

¿Qué le llevó a vivir primero en Italia y luego en Alemania?

Ya en mis primeros viajes a Europa me sentí estimulado por el arte y la cultura europeas y decidí trasladarme a Italia y vivir como un ciudadano europeo. Comprender todas las responsabilidades que hasta ese momento eran totalmente desconocidas para mí, fue un gran reto, el mayor de todos fue vivir de lo que hago. Muchos de los artistas que conocí en aquel entonces tenían dos y tres trabajos que les permitían dedicarse intermitentemente a su arte. Me trasladé a Italia porque mi hermano vive allí desde hace más de veinte años. Antes de trasladarme a Alemania -mi esposa es alemana- residí casi un año en España, pero al final decidí alejarme más de lo que me es familiar.

Su obra alude a diferentes ideologías políticas, como el comunismo y el fascismo, ¿cómo los relaciona?

Todos sabemos grosso modo cuáles son las diferencias y similitudes entre estas doctrinas. Para mí, lo interesante ha sido verlas juntas como formas totalitarias de gobierno que han dañado profundamente la esencia del ser humano. En la base de cada uno de estos proyectos se encuentra el desdén por el ser humano. El sueño de cada uno de estos dictadores ha sido modelar, casi con sus propias manos, a las nuevas generaciones. Cada uno de ellos pensó que intervenciones profundas en la niñez harían en el futuro de esos niños hombres que darían la vida por ellos. La realidad es que en muchos casos lo lograron, pero en muchos otros felizmente fracasaron.

¿Podría hablar del reciclaje como concepto de trabajo?

El “reciclaje” es un tema complejo, ya que bajo esta etiqueta se esconden muchas otras definiciones, más complejas y ricas. El reciclaje suele entenderse como una práctica de las periféricas, de ciertos contextos económicos llamémoslos desfavorecidos. Es visto en la mayoría de sus casos como una práctica precaria, como un estado de emergencia creativa donde lo más importante es hacer y rearticular lo que nos rodea en un objeto artístico. Desde mis primeros acercamientos a este tema, aún estando en Cuba, siempre me aproximé a él de manera cautelosa. Nunca me interesó el reciclaje como estrategia artística, sino la improvisación. Actualmente, de ese cuerpo teórico y práctico, que desarrollé en Cuba junto al Gabinete Ordo Amoris, quedan pocos elementos. Mi trabajo se direcciona más hacia una nueva forma de referencialidad, donde el uso de ciertos objetos y documentos no han sido reciclados sino más bien citados.

Cuando en su obra habla de resistir, ¿qué significado tiene para usted?

Resistir significa crear; desde esa posición es posible decir y amplificar el contenido individual. En un mundo que se empeña por convertirnos a todos en consumidores, crear es una posición absoluta de resistencia.

¿Qué artistas le interesan más?, ¿alguno que le haya influenciado?

Hay muchas cosas y personas que influyen en lo que pienso y lo que hago; por ejemplo, la obra de Félix González Torres y de Paul Thek son dos grandes referentes en mi obra.

 

source: Tendencias del Mercado del Arte. December 2013