La Habana: Imágenes De Cinco Siglos
Museo Nacional De Bellas Artes de Cuba. Sala temporal planta baja / Edificio de Arte Universal
21 December 2019 – 3 February 2020
Curated by Lic. Niurka Fanego and Lic. Manuel Crespo

En “Pensamientos En La Habana”, ya desde el mismo nombre José Lezama Lima nos interna en una “ciudad” auditiva, una esfera de sonidos placenteros que conjuga las imágenes de una ciudad y literatura. Pensamientos que aparecen como imágenes que se van mezclando con la sonoridad y el ritmo del poeta. El viento que se vuelve sonido, ritmo, melodía. Lezama utilizará en el poema palabras que hacen referencia al aire que atraviesa narices y bocas, ramas y huesos, instrumentos musicales como la tiorba y la flauta. Así, los sonidos se suceden en un vaivén constante entre las aliteraciones en palabras como sollozo, tenue, estilo, reconocer, la repetición de “yo no pueda”, museos, todas ellas variaciones de los sonidos que devendrá más tarde en la aparición de Eolo, dios del viento. El tema del aire, el viento y sus distintas perspectivas es recurrente en la poesía y es punto de contacto con la música y el ritmo. Pensamientos en La Habana esboza esa noción de que los hombres nadan o trasminan por un agua-aire, así aparece La Habana, una ciudad que se ‘mece’ al vaivén de las olas del mar y sus sonidos.

La obra de Lezama Lima y de la generación de ‘Orígenes’ se ha convertido en eje de mi trabajo, especialmente en “Las eras imaginarias: ensayos” (Lezama Lima, 1971) he encontrado la real dimensión de lo imaginario. Un hacer de lo deseado que nos permite imaginar y convertir lo imaginado en historia, en realidad: (…) Ah, que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor (…)

“Pensamientos en La Habana” es una cortina, es un mar vertical y sin horizontes, un mar que se puede atravesar como puerta, es también una puesta del sol y a su vez un amanecer. En el poema las palabras ‘vuelan’ en forma de pensamientos sobre la ciudad, el viento las impulsa. El buen lector no lee poemas como este sino que los bebe como cafecito en la mañana. La cortina se atraviesa, el mar se puede leer, las olas van narrando.

photo: Alejandro Gonzáles